jueves, 21 de mayo de 2015

De entrada


Durante más de seis años, esta imagen presidía la página de la administradora de Extravaganzia. Se hacía llamar Rosario Tijeras porque... la verdad, no sé bien por qué. Era un nombre agresivo y desconcertaba un poco a la gente, que no sabía bien cómo tomárselo. Un personaje novelesco, perfecto para crear inspiración. 
El caso es que funcionaba, y llegué a acostumbrarme a que me llamaran Rosi, en la intimidad. 
No solo el nombre tiene historia. También las rebuscadas palabras del poema la tienen. Incluso la foto, que fue tomada cuando yo ni siquiera fumaba. 
Nos inventamos un lugar para escribir, donde era obligatorio leerse los unos a los otros. Internet está lleno de palabras que nadie quiere leer. Bueno, pues aquí era obligatorio. Por eso nos gustaba tanto.
Éramos amigos, éramos gamberros, éramos juntaletras de afición, escritores de boquilla, y asalariados de profesión.
Ese era el mundo en el que vivíamos. Y esto es lo que queda de él.

Cabecero

Cabecero